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Crítica · Estreno: 24/01/2025

Crítica de Flow, un mundo que salvar: un gato, un barco y un mundo bajo el agua

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Pocas películas de animación consiguen que, al salir de la sala, todo el mundo hable más bajito. Flow, un mundo que salvar, de Gints Zilbalodis, es una de ellas. Cuenta la historia de un gato solitario que se ve obligado a compartir un barco con especies desconocidas mientras el mundo desaparece a su alrededor. Una película pequeña con un corazón enorme, y precisamente por eso golpea tan fuerte.

9,2/10
Nota
Flow, un mundo que salvar es una película valiente, preciosa y profundamente humana, aunque ninguno de sus protagonistas sea humano.
Historia
8
Interpretación
9
Dirección
10
Apartado visual
9
Música y sonido
9
Emoción
10

La nota global es la media de los seis criterios.

Ficha de la película

OriginalStraume
Estreno en España24/01/2025
DirecciónGints Zilbalodis
GéneroPelículas de aventuras, Películas de animación, Películas familiares, Películas de fantasía
Duración85 min
CalificaciónAi
PaísPelículas letonas, Películas belgas, Películas francesas

¿De qué va Flow, un mundo que salvar, sin spoilers?

El punto de partida es tan sencillo que parece sacado de un cuento: una gran inundación expulsa de su hogar a un gato solitario, que encuentra refugio en un barco. Pero no está solo. A bordo se resguardan también otras especies, y para sobrevivir todos tendrán que aprender a adaptarse a un mundo que ya no se parece en nada al que conocían. Y ya está. No hay una mitología complicada detrás, no hay un gran villano, no hay diez tramas secundarias.

Esa es su mayor virtud. Flow no explica, muestra. Vemos el mundo desde los ojos del gato, un mundo aterrador y fascinante a la vez, y la película confía en que el espectador, tenga seis años o sesenta, entienda por sí solo lo que está en juego. No voy a desvelar más detalles de la trama a propósito: esta película hay que vivirla como la vive el gato, paso a paso y dejándose sorprender.

Un gato que somos todos

Cualquiera que haya convivido con un gato se derrite en los primeros minutos. El protagonista no es una mascota de dibujos animados, no hace monerías ni pone ojitos a la cámara. Se comporta exactamente como un gato de verdad: desconfiado, independiente, orgulloso y con un odio instintivo al agua. De ahí nace todo el drama de la película, porque lo peor que le puede pasar a un gato es que el mundo entero se convierta en agua.

Su relación con los demás animales es la columna vertebral de la historia. Aquí nadie se hace amigo íntimo de buenas a primeras ni se pone a cantar en cubierta. La confianza se construye despacio, a veces incluso retrocede, y eso la hace creíble. Por eso le he dado una nota tan alta en Interpretación: los animadores trabajan con gestos, posturas y miradas tan sutiles que estos personajes transmiten más emoción que el reparto completo de muchas películas de imagen real.

Gints Zilbalodis, el revolucionario silencioso de la animación letona

Hasta ahora, el nombre del director letón sonaba sobre todo entre habituales de festivales y amantes de la animación, pero después de Flow va a ser difícil no prestarle atención. Zilbalodis tiene una voz de autor muy distinta a la de las películas familiares de los grandes estudios estadounidenses, tan pulidas y cargadas de chistes. En su cine el silencio también habla, la cámara se toma su tiempo y el espectador puede, simplemente, mirar.

Esta coproducción entre Letonia, Bélgica y Francia demuestra además que, uniendo fuerzas en Europa y con una fracción del presupuesto, se puede hacer animación capaz de competir visual y emocionalmente con los gigantes de Hollywood. Para mí, la dirección es lo mejor de la película: cada plano tiene peso, el ritmo es deliberado y sus 85 minutos no se hacen largos en ningún momento.

Imagen y sonido: cuando el agua es la protagonista

El apartado visual puede chocar a primera vista a quien esté acostumbrado a las texturas brillantes de Pixar. El estilo de Flow es más pictórico, a ratos casi de videojuego, pero eso no es un defecto, es personalidad. Los paisajes son monumentales, el agua resulta tan hermosa como amenazante y la luz crea una atmósfera en la que, incluso en las escenas más tranquilas, late una cierta inquietud.

La cámara se mueve como un observador curioso que sigue a los animales: a veces se pega mucho a ellos y otras se aleja para enseñarnos lo diminutos que son en ese mundo inmenso e inundado. El sonido y la música están igual de cuidados: el rumor del agua, los sonidos de los animales y unas capas musicales delicadas y flotantes construyen juntos una atmósfera que pide verla en una sala de cine, no en la pantalla del móvil.

¿Dónde puede fallar la conexión entre el espectador y la película?

Seré sincero: Flow no va a funcionarle a todo el mundo. Quien espere una película infantil trepidante, ruidosa y llena de gags puede llevarse una decepción. Aquí no hay guiños a la cultura pop ni un secundario parlanchín que suelte una broma por minuto. El ritmo es contemplativo, y hay momentos en los que la acción se detiene a propósito para que nos sumerjamos en una imagen o en una atmósfera.

A los más pequeños algunas escenas les pueden dar miedo. Conviene tener en cuenta que la sensación de peligro y vulnerabilidad está presente todo el rato, y que un niño sensible quizá acabe con alguna lágrima. Y la sencillez de la historia, que para mí es una virtud, a otros les puede dejar con ganas de más: si te gusta que una película lo diga y lo explique todo, aquí muchas preguntas quedan abiertas.

¿Por qué se te queda dentro durante días?

Una de las grandes bazas de Flow es que no te da la moraleja masticada. Se puede ver como una parábola sobre el clima, leer como una historia de huida, de unión o de aceptación del otro, y un niño la vivirá sin más como la aventura de un gato valiente. Todas esas lecturas valen, y la película no impone ninguna.

Yo me enamoré de ella porque muestra con una claridad enorme lo que significa encontrar un hogar entre desconocidos cuando el tuyo ya no existe. Es una película tierna, pero nada ingenua. Triste y esperanzadora a la vez, y justo por ese tipo de contrastes merece la pena ir al cine.

¿Para quién es?

Si te gusta, mira también: La tortuga roja (2016), Robot salvaje (2024), WALL·E (2008), El viaje de Chihiro (2001)

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se estrenó Flow, un mundo que salvar en los cines de España?

Flow, un mundo que salvar llegó a los cines españoles el 24 de enero de 2025.

¿De qué trata Flow, un mundo que salvar?

De un gato solitario al que una gran inundación expulsa de su hogar y que encuentra refugio en un barco junto a otras especies. Juntos tendrán que adaptarse a un mundo completamente transformado.

¿Cuánto dura Flow, un mundo que salvar?

La película dura 85 minutos.

¿Se puede ver Flow, un mundo que salvar con niños?

Sí, es una película apta para ver en familia, aunque algunas escenas de tensión y peligro pueden asustar a los más pequeños, así que es mejor verla con ellos.

¿Quién dirige Flow, un mundo que salvar?

La dirige el letón Gints Zilbalodis, en una coproducción entre Letonia, Bélgica y Francia.

¿Cuál es el título original de Flow, un mundo que salvar?

Su título original es Straume.

¿Te subes a este barco?

Sin dudarlo. Flow, un mundo que salvar es de esas películas de animación que seguiremos recordando dentro de muchos años, porque no conquista a base de volumen, sino de sinceridad. Gints Zilbalodis ha demostrado que un gato, un barco y un mundo inundado bastan para remover emociones más hondas que muchas producciones con el triple de presupuesto. Si puedes, mírala en pantalla grande, en silencio y con atención, y déjate arrastrar por la corriente. Para mí es, sin discusión, imprescindible.

Nota: 9,2/10 · Historia 8 · Interpretación 9 · Dirección 10 · Apartado visual 9 · Música y sonido 9 · Emoción 10