Moulin Rouge, crítica: la locura amorosa de Baz Luhrmann, deslumbrante, estridente y desgarradora
Hay películas de las que huyes en los cinco primeros minutos o de las que te enamoras sin remedio, y Moulin Rouge es una de ellas. El drama musical que Baz Luhrmann estrenó en 2001 se lanza contra el espectador como el tapón de una botella de champán, y quien aguanta esa primera embestida se encuentra con una historia de amor que nadie ha conseguido copiar de verdad desde entonces.
Excesiva, caótica, al borde de lo kitsch, y precisamente por eso una de las obras más apasionadas que ha dado el cine musical.
Ficha de la película
| Original | Moulin Rouge! |
|---|---|
| Estreno en España | 11/10/2001 |
| Dirección | Baz Luhrmann |
| Reparto | Ewan McGregor, Nicole Kidman, John Leguizamo, Jim Broadbent, Richard Roxburgh, Garry McDonald |
| Género | Dramas, Películas románticas, Películas musicales |
| Duración | 128 min |
| Calificación | 7 |
| País | Películas australianas, Películas estadounidenses |
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París, bohemios y un amor que no cabe en el cabaret
El planteamiento es sencillo, casi de cuento. Estamos en el París del cambio de siglo. Christian es un escritor joven y de un talento deslumbrante que, contra la voluntad de su padre, pasa los días en el círculo bohemio del pintor Toulouse-Lautrec. Es Lautrec quien le abre las puertas de la comunidad artística de Montmartre y, cómo no, del mundo brillante, decadente y desatado de los cabarets, donde todo se compra y todo es imaginable. Todo menos una cosa: el amor sincero.
Y Christian, como suele pasar con los escritores de su edad, elige justo eso. Se enamora perdidamente de Satine, la estrella más aclamada del cabaret más famoso de París. A partir de ahí la película no nos pregunta si creemos en el gran amor. Directamente nos lo grita a la cara, nos lo baila y nos lo canta.
Lo reconozco: la historia no es lo más original del mundo. El artista pobre que se enamora de la estrella inalcanzable es un motivo tan antiguo como el propio teatro. Pero Luhrmann no juega a sorprender, sino a amplificar las emociones. Es como una ópera: sabes que va a doler y aun así te quedas hasta el final.
Ewan McGregor y Nicole Kidman: dos actores que cantan de verdad
La clave del éxito está en que los dos protagonistas se entregan por completo a la locura. El Christian de Ewan McGregor es ingenuo, entusiasta, algo torpe, y canta con tanta sinceridad que uno olvida lo arriesgado que resulta algo así para un actor de cine. No hay en él ni rastro de cinismo, y eso aquí es un salvavidas, porque un protagonista de guiño irónico haría saltar todo por los aires.
Nicole Kidman compone una Satine que es a la vez diva, mujer de negocios y muchacha frágil. En un instante es una estrella del espectáculo arrolladora y al siguiente una persona aterrada que no tiene adónde huir. Es uno de sus mejores papeles, y cuesta imaginar a otra actriz con esa melena pelirroja y ese vestido de noche resplandeciente.
Entre los secundarios, Jim Broadbent es un circo andante como Harold Zidler, en el mejor sentido: alcahuete, empresario y superviviente a la vez. John Leguizamo, en la piel de Toulouse-Lautrec, es el alma bohemia de la película, y Richard Roxburgh interpreta al Duque, ese hombre rico y posesivo, con una repugnancia lasciva casi palpable. Completan el reparto Garry McDonald, Jacek Koman y Matthew Whittet, que llenan de vida la variopinta pandilla de Montmartre.
Baz Luhrmann, el dictador de la sala de montaje
Si alguien ha dicho alguna vez que el estilo de un director se reconoce a la legua, pensaba en Baz Luhrmann. Quien haya visto Romeo + Julieta ya intuye lo que le espera: cortes a la velocidad del rayo, movimientos de cámara vertiginosos, exageración teatral y cultura pop donde menos te la esperas.
La primera media hora pone a prueba la paciencia de cualquiera. El ritmo recuerda a una película muda acelerada sobre la que alguien hubiera volcado un bote entero de purpurina. Mucha gente abandona aquí, y lo entiendo. Pero el caos es deliberado: Luhrmann nos enseña lo embriagador, falso y ruidoso que es ese mundo para que, en los momentos más tranquilos, el amor golpee con más fuerza.
Es uno de esos raros casos en los que el exceso no es un defecto, sino el propio género. Luhrmann no busca un París realista, sino un teatro de los sueños donde cada emoción suena a diez veces su volumen.
Canciones pop en Montmartre: la música lo arrastra todo
Aquí llega lo que convirtió Moulin Rouge en una auténtica leyenda. Luhrmann no recurre a música de época, sino que mezcla, trocea y enlaza canciones pop conocidas hasta formar una especie de enorme recopilatorio romántico compartido. El resultado es divertido, atrevido y sorprendentemente emotivo a la vez.
Los números musicales no son decorado, sino el motor de la historia. Los personajes cantan cuando ya no pueden hablar, y esa vieja regla del musical funciona aquí a la perfección. En un solo dueto descubrimos más de Christian y Satine que en diez páginas de diálogo.
Para quien ama la música, media película es un juego: reconocer de dónde sale cada verso, cada melodía, cada estribillo. Y quien no conozca las canciones recibe igualmente toda la carga emocional, porque los arreglos y la interpretación lo dicen todo.
¿Dónde se resquebraja el brillo?
No soy un fan ciego, y la película tiene sus flaquezas. El humor de las primeras escenas, de puro vodevil, no le hará gracia a todo el mundo, y con algún gag hasta yo me quedé mirando al techo. El ritmo cansa por momentos, y la película quiere tantas cosas a la vez que a ratos se pierde entre sus propios decorados.
El esqueleto de la historia también es simple, y entre los personajes, sobre todo los secundarios, hay más figuras que personas. Quien busque un drama romántico pausado y lleno de matices encontrará aquí una opereta, no la sutileza de Chéjov.
- Lo que funciona: la pareja protagonista, la música, el despliegue visual, la pasión.
- Lo que menos: el arranque pasado de revoluciones, las payasadas, el argumento endeble.
¿Por qué seguimos volviendo a ella veinticinco años después?
Porque apenas hay películas que se atrevan a ser tan sentimentales. Moulin Rouge no se avergüenza de querer ser grande, de buscar las lágrimas, de querer creer en el amor en un mundo donde todo tiene precio. Hoy, cuando la mayoría de películas se protegen del dramatismo con un guiño, tanta franqueza resulta casi revolucionaria.
En sus 128 minutos la película viaja del vodevil a la tragedia, y quien haga ese camino con ella seguramente seguirá tarareando las canciones durante mucho tiempo.
¿Para quién es?
- Es para ti si: Para los amantes del musical, para quienes disfrutan con los grandes dramas románticos y apasionados y para cualquiera al que le guste que una película sea descaradamente excesiva y espectacular.
- Mejor sáltala si: Si no soportas el montaje frenético, el estilo teatral y que los personajes rompan a cantar de repente, la primera media hora será un suplicio.
Si te gusta, mira también: Romeo + Julieta (1996), Chicago (2002), El gran Gatsby (2013), Cabaret (1972), La La Land (2016)
Preguntas frecuentes
¿De qué trata Moulin Rouge?
En el París del cambio de siglo, Christian, un joven escritor, entra en el círculo bohemio de Toulouse-Lautrec y se enamora de Satine, la estrella más aclamada del cabaret más famoso de la ciudad.
¿Cuánto dura Moulin Rouge?
La película dura 128 minutos.
¿Quién dirigió Moulin Rouge?
Baz Luhrmann, en una producción australiana y estadounidense.
¿Quiénes son los protagonistas?
Ewan McGregor (Christian), Nicole Kidman (Satine), John Leguizamo (Toulouse-Lautrec), Jim Broadbent (Harold Zidler) y Richard Roxburgh (el Duque).
¿Cuándo se estrenó en España?
Moulin Rouge llegó a los cines españoles el 11 de octubre de 2001.
¿Cruzarás la puerta del molino rojo o te quedarás fuera?
Moulin Rouge no pretende gustar a todo el mundo, y justo por eso la quiere tanta gente. Es estridente, kitsch, excesiva y, al mismo tiempo, tan sinceramente romántica que al final hasta el espectador más cínico acaba con un nudo en la garganta. Si aún no la has visto, dale una oportunidad y aguanta la primera media hora. Si ya la conoces, es momento de volver a ponerla: Kidman y McGregor siguen llegando al corazón igual que el primer día.
