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Crítica

Crítica de Tony: cocina caliente, comienzos crudos y Bourdain antes de ser Bourdain

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Antes de convertirse en el cocinero viajero más famoso del mundo, Anthony Bourdain era solo un chaval de diecinueve años que acabó en el sitio equivocado en el momento equivocado, o sea, justo donde tenía que estar. La película de Matt Johnson cuenta ese verano y no levanta ningún altar: lo que nos enseña es a un joven confuso, hambriento y lleno de chispa. Tony no es el plato más perfecto de la carta, pero es de esos que se te quedan en la memoria durante días.

7,7/10
Nota
Una historia de orígenes caótica, divertida y sorprendentemente emotiva que Dominic Sessa sostiene sobre sus hombros y que entiende el espíritu de Bourdain mejor que la mayoría de homenajes.
Historia
7
Interpretación
9
Dirección
8
Apartado visual
7
Música y sonido
7
Emoción
8

La nota global es la media de los seis criterios.

Ficha de la película

DirecciónMatt Johnson
RepartoDominic Sessa, Antonio Banderas, Emilia Jones, Leo Woodall, Stavros Halkias
GéneroComedias, Dramas cinematográficos
Duración106 min
PaísPelículas estadounidenses

Un verano en Provincetown que lo decidió todo

El planteamiento es sencillo, y precisamente por eso funciona. Un Anthony Bourdain de 19 años viaja a Provincetown y, casi sin querer, se ve metido en el mundo caótico de la cocina de un restaurante. No hay un gran plan, ni vocación, ni misión sagrada: solo un chico que aterriza en un lugar donde el ritmo lo marcan el chisporroteo de las sartenes y los tacos que vuelan entre fogones. Ese verano le cambiará la vida para siempre y acabará definiendo su futuro.

Quien conozca a Bourdain sabe el peso que tiene este punto de partida. Fue el hombre que con su libro Confesiones de un chef sacó a la luz la realidad sucia, sudorosa y cargada de adrenalina de las cocinas profesionales, y que después recorrió el mundo en televisión como si cada plato fuera una puerta a otra vida. La película no quiere mostrarnos a esa figura ya hecha y carismática, sino el momento en que todavía no había nada decidido. Y es una decisión inteligente.

Me quedo sin spoilers: no voy a contar más de los hechos concretos de lo que cuenta la propia sinopsis, porque aquí el placer de descubrir importa de verdad.

Dominic Sessa, el chico en el que nos fijamos, ya es protagonista

A muchos el nombre de Dominic Sessa les suena desde Los que se quedan, donde actuaba junto a Paul Giamatti con tal naturalidad que parecía que te habías colado en un documental. Esa presencia cruda y nada impostada es justo lo que necesita un Bourdain joven. Sessa no imita ni hace caricatura: nos da a un chaval inquieto, algo descarado, algo perdido, en el que ya arde una brasa.

El mayor elogio que puedo hacerle es este: no estaba pendiente de cuánto se parecía, sino de lo que sentía el personaje. En una película inspirada en una vida real eso es un logro poco habitual, y creo que Sessa demuestra aquí de una vez que no es flor de un solo filme.

Banderas y compañía: un reparto secundario de lujo

La presencia de Antonio Banderas eleva la película por sí sola. En los últimos años se atreve con papeles cada vez más valientes y autoirónicos, y le sienta de maravilla haber dejado atrás al galán para convertirse en el hombre de los personajes con carácter y peso. Aquí recibe el espacio justo para que cada escena suya sea un buen condimento y no el plato principal.

Emilia Jones, a quien dio a conocer CODA: Los sonidos del silencio, es una actriz sensible y con los pies en la tierra, y a la película le viene muy bien que entre tanto ruido de cocina cargado de testosterona haya alguien que baje el ritmo. Leo Woodall es desde la segunda temporada de The White Lotus una de las caras jóvenes británicas más solicitadas, y su desenfado también funciona aquí. Y Stavros Halkias aporta, como cómico de stand-up, ese sentido del ritmo sin el que una comedia de cocina sencillamente no respiraría.

La gran virtud del reparto es que resulta creíble en conjunto. Da la sensación de que esta gente lleva meses pisándose los talones en un cuarto estrecho y asfixiante.

Matt Johnson, el director que adora la realidad caótica

Matt Johnson no es de los que ruedan biopics asépticos y relucientes. BlackBerry demostró que es capaz de sacar de una historia empresarial aparentemente árida una película tensa, divertida y humana, con personajes falibles y ridículos por los que aun así acabas animando. En trabajos anteriores como The Dirties, su sello era la cámara en mano y un estilo casi documental.

Esa forma de mirar vale oro en una película ambientada en la cocina de un restaurante. Una cocina ya es de por sí un caos, y se nota que Johnson no siente ninguna necesidad de ponerle orden. La puesta en escena es bulliciosa y enérgica, a veces quizá demasiado dispersa, pero eso es más estilo que defecto. Encaja perfectamente con Bourdain, que nunca fue partidario de las vidas ordenadas y medidas.

Lo que funciona y dónde se le quema un poco la salsa

Lo que funciona muy bien:

Donde flojea:

El mundo de la cocina que retrata no es nada familiar, y la película tampoco pretende que lo parezca. Para mí es el precio de la autenticidad, y merece la pena.

¿Para quién es?

Si te gusta, mira también: Los que se quedan (2023), BlackBerry (2023), Ratatouille (2007), Roadrunner: A Film About Anthony Bourdain (2021)

Preguntas frecuentes

¿De qué trata Tony?

Un Anthony Bourdain de 19 años viaja a Provincetown y acaba por casualidad metido en el mundo caótico de la cocina de un restaurante. Ese verano le cambia la vida para siempre y marca su futuro.

¿Cuánto dura la película?

Tony dura 106 minutos.

¿Se puede ver con niños?

No es recomendable: el ambiente de cocina que retrata es crudo, con lenguaje y situaciones pensadas para un público adulto.

¿Quién la dirige y quién sale en ella?

La dirige Matt Johnson y en los papeles principales están Dominic Sessa, Antonio Banderas, Emilia Jones, Leo Woodall y Stavros Halkias.

¿De qué género es la película?

Es una comedia dramática estadounidense.

¿Merece la pena reservar mesa en la cocina de Tony?

Sí, y no solo para los fans de Bourdain. Tony no es un menú de estrella Michelin servido sin un fallo, se parece más a una cena de personal improvisada a las dos de la madrugada: algo caótica, algo grasienta, pero honesta, y precisamente por eso sienta tan bien. La interpretación de Dominic Sessa ya justifica por sí sola la entrada, y Matt Johnson vuelve a demostrar que lo que mejor sabe cocinar en el cine es la fragilidad de las personas reales. Si alguna vez te has preguntado de dónde nace el fuego de alguien, no te pierdas este verano.

Nota: 7,7/10 · Historia 7 · Interpretación 9 · Dirección 8 · Apartado visual 7 · Música y sonido 7 · Emoción 8