Gremlins, crítica: la mascota más adorable que jamás debes alimentar después de medianoche
Hay una criaturita peluda que viene con tres normas muy sencillas y, cómo no, alguien acaba saltándoselas todas. Gremlins sigue con nosotros después de tantas décadas porque es a la vez un cuento familiar para achuchar y un terror descarado y malicioso. La película de Joe Dante muerde hoy como si la hubieran rodado ayer.
Una comedia de monstruos anárquica, divertida y sorprendentemente sucia, que sigue siendo uno de los clásicos de culto más queridos de los años ochenta.
Ficha de la película
| Original | Gremlins 2: The New Batch |
|---|---|
| Estreno en España | 20/07/1990 |
| Dirección | Joe Dante |
| Reparto | Zach Galligan, Phoebe Cates, Hoyt Axton, Frances Lee McCain, Corey Feldman, Keye Luke |
| Género | Películas de fantasía, Películas de terror, Comedias |
| Duración | 106 min |
| Calificación | A |
| País | Películas estadounidenses |
Tres normas que todo el mundo incumple
La premisa de Gremlins es tan simple que casi parece un cuento. Billy recibe una nueva mascota, Gizmo, que recuerda a un peluche, y con ella unas breves instrucciones de uso: que no se moje, que no le dé la luz intensa y, sobre todo, por mucho que llore o suplique, que nunca coma después de medianoche.
Cualquiera que haya visto unas cuantas películas sabe que esas normas se pronuncian precisamente para que alguien las rompa una tras otra. Billy las rompe todas y a partir de ahí todo se va al garete. El agua hace que Gizmo se multiplique, y el picoteo de madrugada convierte a sus crías en criaturas malvadas, sonrientes y llenas de mala baba. Estos bichos se lanzan a destrozar la tranquilidad del pueblo y, cuando se cuelan en la piscina, empiezan a salir a miles.
La genialidad está en que el espectador ve venir el desastre y aun así disfruta viendo cómo se va montando poco a poco. Es como colocar una fila de fichas de dominó: sabemos que van a caer, la única duda es con qué estruendo.
Joe Dante, el anarquista entrañable
Joe Dante entiende a la perfección qué hace que una película de monstruos dé miedo y risa al mismo tiempo. No quiere elegir entre una cosa y otra, y esa es la mayor virtud de la película. Gremlins es en un momento un idilio de pueblo pequeño, al siguiente terror de verdad y al otro una payasada absurda digna de unos dibujos de los Looney Tunes.
Se nota que Dante adora a sus monstruos. Los gremlins no son bestias sin rostro, sino gamberros insolentes, desordenados y juerguistas que disfrutan de la destrucción igual que una pandilla de instituto en un edificio abandonado. Por eso hacen gracia, y por eso también dan un poco de miedo: no hay lógica en ellos, solo el gusto por romperlo todo.
El ritmo también está bien medido. La película no se precipita hacia el caos, sino que se toma su tiempo para que le cojamos cariño a Gizmo y al ambiente del pueblo. Así, cuando se desata el infierno, hay algo que perder.
Gizmo y el reparto
Seamos sinceros: la verdadera estrella de la película es Gizmo. Pocas criaturas del cine se ganan al público tan rápido. Ojos enormes, pelo suave, mirada inocente, y quien después de verlo no quiera llevarse uno a casa probablemente tenga el corazón de piedra.
Entre los humanos, Zach Galligan interpreta a Billy en el clásico papel de chaval majo, entrañable y algo torpe, como debe ser. Phoebe Cates, como Kate, aporta calidez y los pies en la tierra a la historia. Hoyt Axton como Rand Peltzer y Frances Lee McCain como Lynn Peltzer forman el núcleo familiar, y el papel de McCain aporta sorprendentemente mucho a la cara más dura de la película.
En los secundarios también hay caras conocidas: Corey Feldman aparece como Pete, fijo de las películas juveniles de los ochenta; Keye Luke, como el abuelo, encarna al personaje misterioso y sabio; y Dick Miller hace un estupendo trabajo de actor de carácter como el señor Futterman. Las interpretaciones no son el principal atractivo, pero todos hacen exactamente lo que el género pide.
Marionetas, babas y caos que se puede tocar
Gremlins viene de una época en la que los monstruos estaban físicamente en el rodaje. Después de décadas atiborradas de efectos digitales, ese es hoy uno de sus mayores tesoros. Las criaturas son tangibles, viscosas, arrugadas, y precisamente por eso funcionan. Tienen algo torpe y mecánico que a veces resulta cómico y a veces directamente escalofriante.
Las transformaciones y las escenas de multitudes siguen impresionando, sobre todo si pensamos en todo el trabajo artesanal que exigieron. Puede que un espectador actual note a ratos los límites de las marionetas, pero eso es más encanto que defecto. Es como un juguete antiguo: algo gastado, sí, pero no lo cambiaríamos por nada.
La música refuerza mucho el ambiente: juguetona y amenazante a la vez, igual que la propia película.
Dónde se tambalea la balanza
No todo resiste el paso del tiempo. La primera parte puede hacerse algo lenta para quien se sienta solo por los monstruos, y parte de los personajes del pueblo son más una función que figuras de verdad. La trama humana a veces parece un simple marco para las gamberradas de las criaturas.
Lo otro para lo que conviene ir preparado: esto no es un cuento infantil, por muy mono que sea el cartel. Tiene momentos crueles, sangrientos y francamente aterradores que pueden impresionar mucho a un niño pequeño. Más de una familia ha caído en la trampa de esperar una película para críos por culpa del peluche.
Aun así, son minucias en una película que juega con los tonos con tanta seguridad.
Por qué nunca se desgasta
El secreto de Gremlins es que cuenta un cuento de verdad: ten cuidado con lo que te regalan y respeta las normas. Esa lógica antigua, casi de fábula popular, se cruza con una película de monstruos descarada y muy pop, y el resultado es algo realmente único. La película guiña el ojo a los fans del terror, al público del cine familiar y a quienes simplemente disfrutan viendo cómo un mundito ordenado salta en pedazos.
No es de extrañar que Gizmo se convirtiera en uno de los iconos de los ochenta ni que la película haya pasado de generación en generación. Funciona al volver a verla, y quizá de adulto se disfruta todavía más, porque es entonces cuando se aprecia todo el humor negro e insolente que esconde.
¿Para quién es?
- Es para ti si: Para quienes disfrutan del humor negro, los monstruos hechos a mano y los clásicos de culto de los ochenta. Un plan perfecto para adultos nostálgicos y adolescentes mayores.
- Mejor sáltala si: Para familias con niños pequeños que esperan una película infantil por lo adorable del cartel. Tampoco para quien busque un espectáculo moderno y pulido digitalmente.
Si te gusta, mira también: Cazafantasmas (1984), Los Goonies (1985), E.T., el extraterrestre (1982), Gremlins II. La nueva generación (1990)
Preguntas frecuentes
¿De qué trata Gremlins?
Billy recibe una mascota que parece un peluche, Gizmo, junto con tres normas estrictas. Cuando el chico las incumple, Gizmo se multiplica y sus crías se convierten en malvados gremlins que arrasan el pueblo.
¿Cuáles son las normas para cuidar a Gizmo?
No puede mojarse, hay que mantenerlo lejos de la luz intensa y nunca se le debe dar de comer después de medianoche.
¿Cuánto dura Gremlins?
La película dura 106 minutos.
¿Se puede ver Gremlins con niños?
Solo con niños mayores. Tiene escenas aterradoras y violentas, así que pese a su protagonista adorable no es para los más pequeños.
¿Quién dirigió Gremlins?
La película la dirigió Joe Dante.
¿Le damos de comer otra vez después de medianoche?
Sin dudarlo. Gremlins es una de esas raras películas que no envejecen, sino que maduran. Adorable y malvada, divertida y aterradora, y todo con un mimo artesanal del que hoy casi no quedan ejemplos. Si no la has visto, ponte al día, y si ya la viste, toca recuperarla. Eso sí, un consejo: guarda el picoteo antes de que den las doce.
Valoración Kinoster: 8,5/10
