Crítica de La ciudad de las estrellas (La La Land): el musical que diez años después sigue doliendo, y por eso lo queremos
Hay películas que no se pueden ver una sola vez, porque la segunda ya le pides otra cosa y otra cosa te devuelven. La ciudad de las estrellas (La La Land) es exactamente así: en la superficie, un cuento colorido, bailado y soleado sobre Los Ángeles; debajo, una pregunta de una honestidad implacable sobre cuánto vale un sueño si por el camino pierdes a alguien. La película de Damien Chazelle llegó a los cines españoles en enero de 2017 y desde entonces no ha pasado de moda.
Un musical moderno desgarrador y compuesto con un mimo enorme, que es a la vez una carta de amor al Hollywood clásico y un aviso sensato para los soñadores.
Ficha de la película
| Original | La La Land |
|---|---|
| Estreno en España | 13/01/2017 |
| Dirección | Damien Chazelle |
| Reparto | Ryan Gosling, Emma Stone, John Legend, Rosemarie DeWitt, Finn Wittrock, Callie Hernandez |
| Género | Comedias, Dramas, Películas románticas |
| Duración | 128 min |
| Calificación | 12 |
| País | Películas estadounidenses |
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Café, jazz y audiciones: ¿de qué va la película?
La historia gira en torno a dos personas que, en la misma ciudad y con la misma hambre, intentan llegar a ser alguien. Mia (Emma Stone) es una actriz que empieza y que, entre audición y audición, sirve cafés con leche a estrellas de cine. Es decir, ve cada día de cerca la vida que desea, solo que desde el lado equivocado de la barra. Sebastian (Ryan Gosling) es un músico de jazz que toca en fiestas y en bares de mala muerte mientras en su cabeza vive un universo musical muy distinto.
Lo suyo no es un romance almibarado, sino la alianza de dos personas ambiciosas. Y aquí llega el giro que ya se intuye desde el planteamiento: a medida que el éxito se acerca, tienen que tomar decisiones que empiezan a resquebrajar su frágil relación y también los sueños por los que tanto han luchado. No cuento más, porque esta película hay que vivirla con las sorpresas en su sitio.
Gosling y Stone: una química que no se puede dirigir
Lo digo sin rodeos: es una de las mejores parejas del cine de la década de 2010. Ryan Gosling y Emma Stone ya habían coincidido antes (en la comedia romántica Crazy, Stupid, Love) y se nota. No hay tensión forzada ni coqueteo calculado; el juego y los roces entre ellos resultan sencillamente creíbles.
El Sebastian de Gosling es un purista algo arrogante y algo resentido que defiende el jazz como si fuera un pariente moribundo. Puede llegar a irritar, y precisamente ahí está su gracia. Emma Stone, en cambio, es el verdadero corazón de la película: en las audiciones de Mia hay tantas pequeñas humillaciones y tanta esperanza que uno casi suda con ella. No los hacen memorables unas voces perfectas ni un baile de nivel Broadway, sino la vulnerabilidad que asoma en cada gesto.
Entre los secundarios merece mención aparte John Legend como Keith: su personaje encarna el dilema que atormenta a Sebastian, es decir, cuánto puedes ceder de tus principios a cambio del éxito. Rosemarie DeWitt como Laura, Finn Wittrock como Greg y Callie Hernandez, Sonoya Mizuno y Jessica Rothe como las amigas de Mia completan el cuadro, aunque la película pertenece claramente a sus dos protagonistas.
Damien Chazelle, obsesionado con el ritmo
Quien haya visto la película anterior de Chazelle, Whiplash, sabe que este director no trata la música como un decorado, sino como una cuestión de vida o muerte. En La La Land corre la misma obsesión, solo que con un vestuario más vistoso. Allí sangraban las baquetas; aquí sangra el corazón.
La dirección es sencillamente brillante. La cámara baila con los personajes, y los largos planos sin cortes hacen que parezca que nos hemos colado en un musical del viejo Hollywood, aunque con un aire moderno y algo melancólico. Chazelle sabe cuándo soltar la realidad y cuándo devolvernos al suelo de un tirón. Esa alternancia es lo que da pulso a la película: en un momento flotamos entre las estrellas y al siguiente estamos sentados en una cena incómoda.
Lo que deslumbra: colores, melodías y una ciudad con papel propio
Los Ángeles no es aquí un decorado, sino un personaje más. Entre atardeceres de cielo violeta y naranja, bares iluminados con neones y autopistas interminables, la ciudad resulta seductora y cruel a la vez. La propuesta visual se recrea en los colores saturados, y el vestuario (sobre todo los vestidos de Mia) casi tiene un idioma propio.
- La música: las melodías se te quedan en la cabeza durante días, y no al modo barato del pegadizo de turno, sino porque cada motivo que regresa adquiere un significado nuevo.
- La coreografía: no busca la perfección, sino que el baile sea una prolongación natural de las emociones.
- La atmósfera: nostálgica y fresca a la vez, una proeza poco habitual.
Lo confieso: la primera vez que la vi se me puso la piel de gallina varias veces, y ese efecto no se ha desgastado al volver a verla.
¿Dónde se tambalea la magia?
No sería honesto si solo me deshiciera en elogios. El tramo central es claramente más lento, los 128 minutos de metraje no siempre están justificados y hay quien percibe la segunda mitad, más pegada a la realidad, como un cambio de tono demasiado brusco. Quien espere un musical clásico y alegre de principio a fin puede salir decepcionado, porque la película no maquilla lo que cuesta la ambición.
Los monólogos del purista Sebastian también dividen: a ratos suenan más a sermón que a pasión. Y sí, las voces de los protagonistas tampoco son de teatro de ópera. Para mí eso es más bien una virtud, porque los hace humanos, pero entiendo que a alguien le chirríe.
¿Para quién es?
- Es para ti si: Para cualquiera que disfrute de la música, del romance y de esas películas de las que te apetece hablar con alguien durante días. Especialmente recomendable para soñadores, artistas y todo aquel que alguna vez haya tenido que elegir entre la carrera y el amor.
- Mejor sáltala si: Para quien no soporte los musicales o busque una comedia romántica ligera con final feliz sin matices. Tampoco todo el mundo aguanta su ritmo pausado y su tono melancólico.
Si te gusta, mira también: Whiplash (2014), Cantando bajo la lluvia (1952), Los paraguas de Cherburgo (1964), El gran showman (2017), Ha nacido una estrella (2018)
Preguntas frecuentes
¿De qué trata La ciudad de las estrellas (La La Land)?
Mia, una aspirante a actriz, y Sebastian, un músico de jazz, intentan cumplir sus sueños en Los Ángeles. A medida que el éxito crece, se enfrentan a decisiones que ponen a prueba su relación y sus metas.
¿Cuándo se estrenó La ciudad de las estrellas (La La Land) en España?
La película llegó a los cines españoles el 13 de enero de 2017.
¿Cuánto dura La La Land?
La película dura 128 minutos.
¿Quién dirigió La La Land?
La dirigió Damien Chazelle, que antes había firmado Whiplash.
¿Quiénes son los protagonistas de La La Land?
Ryan Gosling interpreta a Sebastian y Emma Stone a Mia; junto a ellos aparece John Legend en el papel de Keith.
¿Merece la pena volver hoy a La ciudad de las estrellas?
Sin ninguna duda. La La Land es una de esas raras películas que no envejecen, sino que maduran. La primera vez te hechiza, la segunda te fijas en los detalles y la tercera te sorprendes pensando en tus propias decisiones. Chazelle no eligió el camino fácil: no nos dio un cuento bañado en azúcar, sino una confesión preciosa y agridulce sobre lo caro que suele salir perseguir un sueño, más de lo que imaginamos. Pon unos buenos altavoces, apaga la luz y deja que la melodía te atrape bajo el cielo violeta de Los Ángeles. Para mí, un 9 sobre 10, y no es una nota que reparta a la ligera.
