Crítica de El profesional (Léon): el asesino a sueldo, la niña y uno de los villanos más desquiciados del cine
Hay películas que envejecen y otras que sencillamente se niegan a hacerlo. Desde que llegó a los cines españoles en abril de 1995, El profesional (Léon) pertenece con orgullo al segundo grupo: un cuento duro y oscuro, pero extrañamente tierno, sobre un hombre que no tiene nada y que de pronto encuentra algo por lo que merece la pena vivir. La película de Luc Besson sigue golpeando hoy como un disparo bien colocado.
Un drama criminal duro, melancólico y magníficamente dirigido, con tres protagonistas que no te dejan olvidarlos.
Ficha de la película
| Original | Léon |
|---|---|
| Estreno en España | 06/04/1995 |
| Dirección | Luc Besson |
| Reparto | Jean Reno, Natalie Portman, Gary Oldman, Danny Aiello, Peter Appel, Michael Badalucco |
| Género | Thrillers policiacos, Dramas, Películas de acción |
| Duración | 110 min |
| Calificación | 18 |
| País | Películas francesas |
Un asesino solitario y la niña de la puerta de al lado
El punto de partida es sencillo, casi de fábula. Léon vive en Nueva York, solo y en silencio, y se gana la vida matando gente por encargo. A su alrededor no hay nada de lo que forma una vida normal, y tampoco parece echarlo de menos. Hasta que la familia que vive en el piso de al lado es masacrada por el detective Stansfield, un policía más cruel que cualquier gánster. La única superviviente es Mathilda, una niña de 12 años que llama a la puerta de Léon buscando refugio.
A partir de ahí, la película tira en dos direcciones a la vez. Por un lado es un thriller tenso, en el que la sombra de Stansfield se acerca cada vez más y en el que sabemos que nadie va a dejar en paz a la pequeña testigo. Por otro, es una pieza sorprendentemente tranquila, casi de cámara, sobre cómo un asesino impasible empieza poco a poco a cuidar de la niña como si fuera su propia hija. No hace falta saber más antes de verla: la fuerza de la película está en cómo se entrelazan esas dos líneas y en cómo lo que está en juego crece con cada escena.
Jean Reno, que lo dice todo con muy pocas palabras
El Léon de Jean Reno es uno de los mejores ejemplos de cuánto puede contar un personaje casi sin abrir la boca. Reno lo interpreta como un hombre enorme e inmóvil del que enseguida intuyes que es tremendamente peligroso y, al mismo tiempo, torpe de una forma casi infantil en todo lo que no tiene que ver con su oficio. Esa dualidad es el corazón de la película.
Su gran logro es que nunca intenta que Léon nos caiga bien. No nos guiña el ojo ni pide perdón. Simplemente deja que seamos nosotros quienes descubramos qué queda dentro de ese hombre vacío. Cuando te das cuenta de que estás preocupado por él, ya es tarde: la película te ha atrapado.
Natalie Portman: un debut imposible de olvidar
Natalie Portman era entonces una niña, y como Mathilda Lando firma una interpretación que envidiarían muchos actores adultos. Mathilda no es la típica niña de película que solo llora y espera a que la rescaten. Está furiosa, es lista, está herida, a veces resulta imprevisible y sabe exactamente lo que quiere: venganza. Portman hace creíble todo eso y, lo que es aún más importante, en todo momento sentimos detrás a la cría a la que le han arrebatado la vida en una sola tarde.
La relación entre Léon y Mathilda es también el punto más delicado de la película. Besson se adentra a veces en un terreno que hará removerse en la butaca al espectador de hoy, y no sería honesto callarlo. Aun así, lo esencial de ese vínculo es el cuidado, dos personas perdidas que se agarran la una a la otra, y la sensibilidad de los actores lo saca adelante en los momentos más incómodos.
Gary Oldman, el villano que se roba la función
Si alguien viera El profesional por una sola razón, esa razón sería Gary Oldman. Norman Stansfield es uno de los villanos más memorables de la historia del cine, y no porque grite, sino porque es absolutamente imprevisible. Oldman pasa de sonreír de forma casi soñolienta y campechana a estallar en una violencia que te hace echarte hacia atrás en el asiento. Es un policía para quien la placa no significa proteger a nadie, sino tener licencia para cualquier cosa.
Vista hoy, su interpretación puede parecer exagerada, pero es justo lo que la película necesita. Léon es callado y contenido; Stansfield, estridente y desbocado. El contraste entre ambos es la columna vertebral de la tensión. Cuando el detective prepara un gran asalto con unidades especiales para tomar el piso de Léon, ya no hay duda de que aquí chocan dos clases de profesionales completamente distintas.
Entre los secundarios merece mención el Old Tony de Danny Aiello: aparece en pocas escenas, pero retrata con precisión el mundo en el que trabaja Léon, un mundo donde la confianza siempre tiene precio.
La Nueva York de Luc Besson: mirada europea, calle americana
Luc Besson, director francés, rodó una historia criminal ambientada en Nueva York, y esa mirada de forastero es una de las armas secretas de la película. El profesional no parece un thriller de acción americano al uso. Es más lento, más contemplativo, da mucho más espacio a sus personajes y solo explota cuando de verdad hace falta. Pero cuando explota, lo hace a lo grande.
Las escenas de acción son precisas y limpias, y el trabajo de Léon se muestra casi como una coreografía. Besson entiende que la profesionalidad ya es espectacular por sí misma y que no hace falta volarlo todo por los aires. Mientras tanto, el tono es melancólico de principio a fin: los pisos destartalados, los pasillos estrechos y la sensación de soledad lo impregnan todo. No es una película de acción heroica, sino un cuento triste en el que también hay armas.
Donde la película flaquea
No sería justo fingir que El profesional es perfecta. El guion se apoya a menudo en los clichés del género, el esqueleto de la trama es previsible y quien haya visto unas cuantas películas de asesinos a sueldo intuirá más o menos hacia dónde va la historia. La película no vive de las sorpresas, sino de las emociones.
El otro punto son algunos momentos de la relación entre Léon y Mathilda de los que ya he hablado más arriba. No hunden la película, pero hoy cuesta más pasarlos por alto, y por eso mucha gente la considera una obra polémica. En mi opinión sigue siendo una película potente, pero es comprensible que a alguien eso le empañe la experiencia.
- Lo que funciona: los tres protagonistas, la atmósfera, la tensión y la carga emocional.
- Lo que funciona menos: una trama previsible y algunas escenas delicadas.
¿Para quién es?
- Es para ti si: Para quienes disfrutan de los thrillers oscuros y centrados en los personajes, en los que detrás de la acción hay emociones de verdad, y para quien quiera ver a tres actores en plena forma.
- Mejor sáltala si: Para quienes lleven mal la violencia cruda o se sientan especialmente incómodos con el retrato más delicado de la relación entre un adulto y una niña. Y, por supuesto, tampoco para quien busque una película de acción ligera y trepidante.
Si te gusta, mira también: Nikita, dura de matar (1990), Taxi Driver (1976), Gloria (1980), Drive (2011), Logan (2017)
Preguntas frecuentes
¿De qué trata El profesional (Léon)?
De Léon, un asesino a sueldo solitario de Nueva York, en cuya casa se refugia Mathilda, su vecina de 12 años, después de que el detective Stansfield masacre a su familia. Léon empieza a cuidar de la niña mientras Stansfield sigue la pista de la pequeña testigo.
¿Cuánto dura El profesional (Léon)?
La película dura 110 minutos.
¿Se puede ver con niños?
No es recomendable. La película contiene escenas violentas y temas claramente adultos.
¿Cuándo se estrenó El profesional (Léon) en España?
Llegó a los cines españoles el 6 de abril de 1995.
¿Quién dirige El profesional (Léon) y quiénes son sus protagonistas?
La dirige Luc Besson y la protagonizan Jean Reno (Léon Montana), Natalie Portman (Mathilda Lando) y Gary Oldman (Norman Stansfield).
¿Merece la pena volver hoy a Léon y Mathilda?
Sí, y si todavía no la has visto, con más motivo. El profesional no ha sobrevivido tantas décadas por una trama llena de giros, sino porque nos regala tres personajes imposibles de borrar de la memoria: el asesino silencioso que nunca aprendió a vivir, la niña que tuvo que crecer demasiado pronto y el policía que es pura destrucción imprevisible. Besson lo ensambla todo con tanto instinto que, al final, no recordarás la acción, sino lo que sentiste. Tiene momentos discutibles, pero pocos thrillers duelen tanto y se quedan tanto tiempo contigo. Imprescindible si te gusta el género.
