El único superviviente, crítica: la película bélica de Peter Berg en las montañas del Hindu Kush no da tregua
Hay películas bélicas que se ven y otras que se sufren, en el mejor sentido de la palabra. El único superviviente pertenece al segundo grupo: Peter Berg te tira ladera abajo durante dos horas y no te pregunta si lo aguantas. No es una película perfecta, pero lo que te deja en el cuerpo tarda bastante en irse.
Una película bélica brutalmente física y muy bien hecha, insuperable cuando está en la ladera, aunque a ratos se le va la mano con el fervor patriótico.
Ficha de la película
| Original | Lone Survivor |
|---|---|
| Estreno en España | 31/12/2013 |
| Dirección | Peter Berg |
| Reparto | Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Emile Hirsch, Ben Foster, Eric Bana, Ali Suliman |
| Género | Películas bélicas, Películas de acción, Dramas |
| Duración | 121 min |
| País | Películas estadounidenses |
Cuatro hombres, una montaña y un plan que deja de serlo
El planteamiento es sencillo, y precisamente por eso funciona. El 28 de junio de 2005, cuatro miembros de los Navy SEAL son enviados a una misión secreta y peligrosa en la región afgana del Hindu Kush. La operación se llama Alas Rojas y su objetivo es neutralizar a altos mandos talibanes. Sobre el papel, un trabajo rápido y limpio. En la práctica, todo se tuerce: el equipo es atacado por fuerzas enemigas y los cuatro soldados se quedan solos enseguida, con muy pocas posibilidades de salir vivos.
Es lo que conviene saber de antemano, y creo que basta con eso. La película no vive de giros de guion, sino de cómo los acontecimientos se te van echando encima. El título original, Lone Survivor, ya es bastante elocuente, igual que el español, así que aquí la pregunta no es qué va a pasar, sino a qué precio. Peter Berg plantea esa pregunta con mucha crueldad, y con la misma crueldad la responde.
Mark Wahlberg y un grupo en cuya camaradería tienes que creer
Una película así se sostiene o se hunde según te creas o no que esos hombres se jugarían la vida unos por otros. Aquí te lo crees. Mark Wahlberg interpreta al suboficial Marcus Luttrell, y es justo el tipo de papel que mejor le sienta: pocas palabras, mucho cuerpo, muchos dientes apretados. No es una interpretación brillante, pero tampoco necesita serlo.
A su lado, Taylor Kitsch sorprende como el teniente Michael "Mike" Murphy; por fin le dan un papel en el que su mirada serena vale algo. Emile Hirsch, como Danny Dietz, es el punto más nervioso y más humano del grupo, y Ben Foster, en la piel de Matthew "Axe" Axelson, aporta lo de siempre: una intensidad que te da un poco de miedo tenerlo sentado al lado. Para mí, Foster es el arma secreta de la película.
En segundo plano está Eric Bana como el capitán de corbeta Erik Kristensen, que sostiene desde la base el ánimo y la responsabilidad, además de Alexander Ludwig (Shane Patton) y Jerry Ferrara (Hasslert). Mención aparte merece Ali Suliman, que como Mohammad Gulab pone uno de los rostros más importantes de la película. A propósito no voy a contar más sobre él, pero fíjate en lo que hace.
Peter Berg no dirige, empuja
Peter Berg siempre ha sido hombre de cine ruidoso, sudoroso y con los pies en el suelo. Después de Hancock y Battleship, El único superviviente marca en su carrera un rumbo mucho más serio y contenido. Y contenido no quiere decir silencioso. Los tiroteos no son ballets coreografiados, sino minutos confusos, atropellados y aterradores en los que no tienes ni idea de dónde vendrá el siguiente disparo. Igual que les pasa a los soldados.
El verdadero milagro, sin embargo, es el terreno. La ladera es la tercera protagonista de la película, y Berg lo entiende muy bien. Hay escenas en las que das un respingo en la butaca, porque la cámara no tiene piedad: sientes el peso, las piedras, los huesos. No exagero si digo que esos minutos están entre los momentos más físicos del cine bélico de la década de 2010.
La única flaqueza real de la dirección es que Berg a veces no se fía lo suficiente de lo que ha conseguido. Donde bastaría con el silencio, la escena recibe un empujón extra: algo de cámara lenta, un poco de subida musical. Entiendo el motivo, pero no hacía falta.
Un sonido que retumba en el estómago
Si hay una razón para haber visto esta película en el cine (o al menos con un buen equipo de sonido), es el sonido. El impacto de las balas, el chisporroteo de la radio, los jadeos, el rodar de las piedras: la película usa el sonido de forma muy consciente para acorralarte. Muchas veces te sobresalta lo que oyes, no lo que ves.
La música funciona mejor cuando se queda atrás y crea una base inquieta, como un zumbido. Cuando da un paso al frente y busca la emoción, ya se le nota la intención. Aun así, en conjunto, el apartado sonoro es uno de los grandes puntos fuertes de la película, y para mí es lo que se lleva la nota más alta.
Donde se desequilibra: la sombra de la bandera
No se puede pasar por alto: El único superviviente es una película bélica muy estadounidense. La exaltación de la camaradería, la lealtad y el deber a veces se desliza hacia un terreno en el que ya no sientes que estás viendo a personas, sino un ideal. Quien sea alérgico al fervor patriótico tendrá momentos de poner los ojos en blanco.
A mí me molestó menos de lo que esperaba, porque el gran bloque central es tan crudo y despiadado que te arranca cualquier solemnidad. El envoltorio, eso sí, se nota, y los personajes son más arquetipos que personas plenamente desarrolladas. Nunca llegas a saber de verdad quiénes eran antes de la montaña. Según la película, quizá no importe. Según yo, un poco sí.
Un detalle importante: hablamos de 121 minutos en los que la violencia no es gratuita, pero sí muy directa, y las heridas no están maquilladas.
En la estantería del género: ¿dónde la colocamos?
Si buscas su sitio entre el cine bélico de acción moderno, está a medio camino entre el caos crudo de Black Hawk derribado y la tensión insoportable de En tierra hostil. Con la película de Ridley Scott comparte esa sensación de tiroteo interminable (y, de paso, a Eric Bana); con la de Kathryn Bigelow, que no te deja mantener una distancia cómoda.
Berg volvió a unir fuerzas con Mark Wahlberg en Marea negra, y allí repitió la receta: personas reales, una situación catastrófica, un rodaje muy físico. Para mí, El único superviviente es el mejor trabajo de la pareja, porque es donde hay menos decorado y más piedra y sangre.
¿Para quién es?
- Es para ti si: Para quienes disfrutan del cine bélico crudo y físicamente agotador, y no se echan atrás ante una película que aprieta de principio a fin. Imprescindible para los fans de Ben Foster y Taylor Kitsch.
- Mejor sáltala si: Si tienes el estómago delicado o no soportas el fervor militar estadounidense, mejor evítala. Como película de acción ligera para una noche cualquiera, no sirve en absoluto.
Si te gusta, mira también: Black Hawk derribado (2001), En tierra hostil (2008), Hasta el último hombre (2016), Marea negra (2016), Restrepo (2010)
Preguntas frecuentes
¿De qué trata El único superviviente?
El 28 de junio de 2005, cuatro miembros de los Navy SEAL son enviados a una misión secreta en la región afgana del Hindu Kush, con el nombre en clave Alas Rojas, para neutralizar a altos mandos talibanes. La misión se tuerce y los cuatro soldados se quedan solos.
¿Cuándo se estrenó El único superviviente en España?
La película se estrenó en España el 31 de diciembre de 2013.
¿Cuánto dura El único superviviente?
La película dura 121 minutos.
¿Quién dirige El único superviviente y quiénes son los protagonistas?
La dirige Peter Berg. En los papeles principales están Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Emile Hirsch, Ben Foster, Eric Bana, Ali Suliman, Alexander Ludwig y Jerry Ferrara.
¿Cuál es el título original de El único superviviente?
El título original de esta película estadounidense es Lone Survivor.
¿Subes con ella a la montaña o te quedas en el valle?
Sube. El único superviviente no es una película que apagues con buen sabor de boca, pero tampoco se hizo para eso. Peter Berg te acerca al combate todo lo que puede acercarte una película de ficción, y los cuatro protagonistas, con un Ben Foster temiblemente bueno a la cabeza, hacen creíble ese vínculo sin el cual todo esto no sería más que ruido. El fervor patriótico pesa a veces y los personajes podrían tener más fondo, pero los minutos en la ladera compensan con creces. Para mí, un 8 justo por debajo, y una película que años después todavía puedo sentir en el estómago.
