El libro de la selva, crítica: Jon Favreau da vida a la jungla de Kipling
Hay momentos en los que un cuento de la infancia vuelve a atraparte y, de repente, te sientes como un niño de siete años en la butaca del cine. El libro de la selva que Jon Favreau estrenó en 2016 es justo eso: familiar y, a la vez, sorprendentemente oscura y fascinante. El clásico de Kipling deja aquí de ser una payasada animada para convertirse en una jungla de verdad, viva, palpitante y peligrosa.
Una fábula espectacular, emotiva y por momentos francamente inquietante, en la que el reparto de voces aporta casi más que cualquier árbol digital.
Ficha de la película
| Original | The Jungle Book |
|---|---|
| Estreno en España | 15/04/2016 |
| Dirección | Jon Favreau |
| Reparto | Neel Sethi, Bill Murray, Ben Kingsley, Idris Elba, Scarlett Johansson, Christopher Walken |
| Género | Películas de aventuras, Películas familiares, Películas de fantasía |
| Duración | 106 min |
| Calificación | Ai |
| País | Películas estadounidenses |
¿De qué va? Un cachorro humano entre lobos
Cualquiera que haya sido niño sabe más o menos qué esperar. Mowgli, un chico huérfano, crece en lo más profundo de la jungla, y no lo crían unos cualquiera: lo acogen los lobos, lo protege la sabia pantera negra Bagheera y, más adelante, el oso Baloo, con su filosofía de vida tan relajada, intenta guiarlo por los vaivenes de la existencia. Suena idílico, pero la jungla no es un parque de juegos.
El tigre Shere Khan lleva mucho tiempo con el ojo puesto en el cachorro humano, y no es la única amenaza. Ahí está Kaa, la serpiente, cuya mirada hipnótica es más trampa que abrazo, y ahí está también el Rey Louie, el rey de los monos, que, por decirlo suavemente, no es el mejor amigo del hombre. Las líneas maestras son conocidas; el relato de Rudyard Kipling apenas necesita presentación. La cuestión no es qué ocurre, sino cómo lo cuenta Favreau, y ahí hay mucho que aplaudir.
No voy a entrar en spoilers, pero sí adelanto algo: quien solo recuerde las canciones alegres se sorprenderá de la tensión y de lo mucho que está en juego en esta versión.
Neel Sethi y las voces que dan vida a la selva
Empecemos por la tarea más difícil. El Mowgli de Neel Sethi es prácticamente el único personaje de carne y hueso en un mundo construido digitalmente, y eso supone una carga enorme para un actor infantil. Tiene que actuar junto a compañeros que, durante el rodaje, no existían tal como los vemos en pantalla. Aun así, Sethi resulta creíble, enérgico y tiene un encanto salvaje que encaja con un chico criado entre lobos. A veces se le nota algo la falta de experiencia, pero yo no se lo tendría en cuenta.
El reparto de voces, en cambio, parece un equipo de ensueño apuntado en una servilleta:
- Bill Murray como Baloo es sencillamente un acierto. Ese oso despreocupado, perezoso y de corazón enorme parece escrito para él, y su humor característico, medio aburrido, vale oro.
- Ben Kingsley hace una Bagheera digna, severa y a la vez protectora. Es exactamente la voz que necesita un mentor así.
- Idris Elba convierte a Shere Khan en una de las grandes bazas de la película. Grave, sereno y escalofriante: cada vez que el tigre abre la boca se nos encoge el estómago.
- Scarlett Johansson firma una Kaa breve pero hipnótica; su voz literalmente te adormece.
- Christopher Walken como el Rey Louie es justo lo que uno imagina de un papel de Walken: raro, imprevisible y divertido, pero con la amenaza siempre al fondo.
La familia de lobos tiene las voces de Lupita Nyong'o (Raksha) y Giancarlo Esposito (Akela), y aunque disponen de menos tiempo, ambos dan peso a las escenas de la manada. Sobre todo se queda en la memoria la calidez maternal de Nyong'o.
Jon Favreau, mago de la imagen
A muchos, el nombre de Jon Favreau les remite a las primeras entregas de Iron Man, y es cierto que allí ya demostró lo bien que entiende el cine de gran presupuesto pensado para el público. En El libro de la selva, sin embargo, hace algo muy distinto: levanta un mundo de cuento buscando a la vez una credibilidad casi de documental.
La jungla de esta película está viva. La luz que se cuela entre las lianas, el barro, el agua, el pelaje y los movimientos de los animales están tan cuidados que, pasados los primeros minutos, olvidamos que casi nada es real. Y eso es enorme, porque así la magia no gira en torno a la técnica, sino a la historia. Favreau no presume de efectos: los pone a su servicio.
El director mantiene con habilidad el equilibrio entre la herencia clásica de Disney y un tono más serio y oscuro. Los fans de la antigua película animada encontrarán algún que otro guiño simpático, pero la película no pretende ser una copia servil. A mí eso me convenció mucho.
Lo que deslumbra: una jungla que casi se puede oler
Si hay que destacar una sola cosa, es el apartado visual. No es exagerado decir que esta película marca un hito en los animales creados digitalmente. Sus caras son expresivas, pero sin esa humanidad de dibujo animado, y sus movimientos tienen un peso real. Cuando aparece Shere Khan, vemos de verdad a un depredador, no a un peluche que habla.
La atmósfera también es excelente. La película deja respirar muchas escenas, y es en esos momentos de calma cuando más se siente lo inmenso y ajeno que resulta este mundo para un niño. El humor tampoco se pierde: las escenas de Baloo y Mowgli son el corazón de la película y desprenden una calidez ligera que compensa los pasajes más sombríos.
La música y el diseño de sonido están igualmente a la altura. Los ruidos de la jungla, los gruñidos, el susurro de las hojas, todo suma a la experiencia, y las melodías nostálgicas están en su sitio.
Donde flojea: demasiado conocida, a veces demasiado aterradora
No todo es perfecto. Al adaptar un cuento tan conocido, la historia guarda pocas sorpresas de verdad. Quien conozca la película animada clásica o el libro de Kipling sabrá casi siempre hacia dónde va la trama. No es necesariamente un problema, pero la dramaturgia resulta en ocasiones algo previsible.
La otra cuestión es el tono. Shere Khan da miedo de verdad, y hay escenas que pueden resultar demasiado intensas para los más pequeños. Quien espere una película familiar ligera y cantarina puede llevarse una sorpresa. Yo lo considero más bien una virtud, pero si eres padre o madre conviene tenerlo presente.
Por último, los números musicales a veces desentonan un poco en un mundo por lo demás realista. Tienen un encanto nostálgico, pero junto al tono más serio chocan ligeramente.
¿Para quién es?
- Es para ti si: Para todo aquel que adoró el cuento clásico y siente curiosidad por ver cómo la técnica visual puede ir de la mano de emociones reales. Funciona igual de bien con adolescentes y adultos, y es un buen plan familiar con niños ya algo mayores.
- Mejor sáltala si: No se recomienda para niños muy pequeños o que se asusten con facilidad, por sus escenas inquietantes. Quien busque algo totalmente nuevo e imprevisible puede decepcionarse con una historia tan conocida.
Si te gusta, mira también: El libro de la selva (1967), El rey león (2019), La vida de Pi (2012), El rey león (1994)
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se estrenó El libro de la selva en España?
La película llegó a los cines españoles el 15 de abril de 2016.
¿Cuánto dura El libro de la selva?
La película dura 106 minutos.
¿Quién dirigió El libro de la selva?
La dirigió Jon Favreau.
¿Quién interpreta a Mowgli y quiénes ponen las voces en la versión original?
Mowgli está interpretado por Neel Sethi. En la versión original, Bill Murray es la voz de Baloo, Ben Kingsley la de Bagheera, Idris Elba la de Shere Khan, Scarlett Johansson la de Kaa, Christopher Walken la del Rey Louie, Lupita Nyong'o la de Raksha y Giancarlo Esposito la de Akela.
¿De qué trata El libro de la selva?
Mowgli, un niño huérfano, crece en la jungla entre lobos con la ayuda de Bagheera y Baloo, mientras el tigre Shere Khan intenta acabar con su vida.
¿Merece la pena volver hoy a la jungla?
Sin duda. Años después de su estreno sigue en plena forma, su apartado visual no ha envejecido, y el Baloo de Bill Murray y el Shere Khan de Idris Elba todavía ponen la piel de gallina, cada uno por motivos muy distintos. Jon Favreau no reescribió el cuento de Kipling, sino que lo volvió a contar con respeto, y de paso demostró que un clásico también puede estrenar piel. Algo previsible, algo aterradora, pero hecha con muchísimo corazón. Para mí es un plan familiar muy recomendable para una noche en casa, siempre que los niños tengan ya edad para disfrutarla.
