Crítica de Red: cuando la adolescencia es, literalmente, roja y peluda
Hay un momento en la vida de todo adolescente en el que siente que se le ha quedado pequeña su propia piel. Red atrapa ese instante y lo envuelve en un pelaje rojo, enorme y mullido. La película de Domee Shi es estridente, caótica y muy fácil de querer, y habla con una sinceridad poco habitual de lo difícil que es ser a la vez la hija perfecta y tú misma.
Red es una de las animaciones más valientes y emotivas de los últimos años. A veces resulta demasiado ruidosa, pero exactamente tanto como lo es una chica de trece años.
Ficha de la película
| Original | Turning Red |
|---|---|
| Dirección | Domee Shi |
| Reparto | Rosalie Chiang, Sandra Oh, Ava Morse, Hyein Park, Maitreyi Ramakrishnan, Orion Lee |
| Género | Películas de animación, Películas familiares, Comedias, Películas de fantasía |
| Duración | 100 min |
| País | Películas estadounidenses |
¿De qué va Red, sin spoilers?
La protagonista es Mei Lee, una chica de trece años segura de sí misma, con mucha labia y una energía inagotable, que hace todo lo posible por ser la hija perfecta y responsable a ojos de su madre. Mientras tanto, le llega todo lo que toca a esa edad: aficiones nuevas, amistades que de repente pesan más que la familia y un cuerpo que cada día parece un poco más ajeno.
Su madre, Ming, siempre está cerca. Y cuando digo siempre, es siempre. Ella lo llama protección; Mei, como cualquier adolescente, empieza a sentirlo más bien como un abrazo que asfixia. Y por si fuera poco, llega el giro: cada vez que Mei se emociona demasiado, cosa que le pasa casi a todas horas, se transforma en un panda rojo gigante.
Con eso basta para empezar. Casi toda la película se despliega a partir de esta idea tan sencilla como brillante, y con ella cuenta muchas más cosas de las que uno imagina al principio.
Una metáfora que por fin nadie esquiva
Al cine de animación le gusta rodear la adolescencia con cautela, a una distancia prudencial. Red no hace eso. Aquí la transformación en panda rojo es, sin disimulo, una metáfora de la pubertad: los arrebatos emocionales que llegan sin avisar, la vergüenza, las ganas de esconder lo que te está pasando y el descubrimiento de que no hay un botón para apagarlo.
Eso es justo lo que me conquistó. La película no sermonea ni se explica de más; simplemente dice que esta etapa es incómoda, desconcertante y a veces ridícula, y que no pasa nada. Pocas películas familiares se atreven a acercarse tanto al tema sin dejar de ser divertidas en ningún momento.
Igual de importante es la otra capa: la relación entre madre e hija. Ming no es una villana ni una caricatura, sino una madre que quiere, teme y controla, muchas veces todo a la vez. Los mejores momentos de la película no son las espectaculares escenas del panda, sino aquellos en los que las dos sencillamente no se entienden, aunque lo desean con todas sus fuerzas.
Rosalie Chiang y Sandra Oh: dos voces, un volcán
Rosalie Chiang, la voz de Mei, hace un trabajo impresionante. Su Mei es a la vez irritante, adorable, graciosa y dolorosamente vulnerable, es decir, igualita que una chica real de trece años. En su voz cabe tanto el entusiasmo desbordado como ese derrumbe repentino cuando descubre que el mundo no funciona como ella quiere.
Sandra Oh es el arma secreta de la película como Ming. Quien la haya visto en papeles anteriores sabe lo bien que se le dan los personajes tensos e intensos, y aquí convierte esa habilidad en una obsesión por el control envuelta en amor maternal, de una precisión que da miedo. Te ríes con ella y, de pronto, te das cuenta de que en algún punto estás escuchando a tus propios padres.
Las amigas, es decir, Miriam (Ava Morse), Abby (Hyein Park) y Priya (Maitreyi Ramakrishnan), forman la otra mitad del corazón de la película. Esta pequeña pandilla es ruidosa, rara y leal a muerte, y da gusto ver una amistad animada que no es mero decorado alrededor de la protagonista. Junto a ellas aparecen Orion Lee como Jin Lee, Wai Ching Ho poniendo voz a la abuela y Tristan Allerick Chen como Tyler.
Domee Shi, una directora que sabe dónde duele
A los aficionados a la animación el nombre de Domee Shi les sonará por Bao, el cortometraje de Pixar ganador del Óscar, que también giraba en torno a la relación entre una madre y su hijo con una fuerza emocional sorprendente. En Red desarrolla ese mismo tema en formato largo, y se nota que es algo personal.
La dirección es enérgica, casi hiperactiva. Los gags se suceden a toda velocidad, cada plano está lleno de pequeños detalles graciosos y el movimiento de los personajes recuerda a menudo al estilo exagerado y elástico del anime. No va a gustar a todo el mundo, pero a mí me encantó precisamente por eso: la película se ve tal como se siente el cerebro de un adolescente. Acelerado, colorido y un poco caótico.
Lo que de verdad valoro es que Shi no tiene miedo de que su protagonista caiga mal de vez en cuando. Mei se equivoca, es egoísta, miente, y la película no se apresura a absolverla. Por eso resulta creíble.
¿Dónde tropieza el panda?
No es una película perfecta, ni pretende serlo. Su mayor riesgo es precisamente su estilo: el ritmo frenético, el humor a todo volumen y los gritos constantes pueden acabar cansando, sobre todo al público adulto que prefiere animaciones más pausadas y melancólicas.
El tercer acto, además, apuesta más por el espectáculo y los grandes gestos que por las emociones sutiles que tan bien funcionaban en la primera mitad. No arruina la experiencia, pero se nota que en ese tramo el volumen se impone a veces al corazón.
Y hay algo más: la película se centra de forma muy clara en una experiencia concreta, la de las chicas adolescentes. Para mí es una virtud, pero puede que no todo el mundo la sienta igual de cercana.
¿A quién va dirigida de verdad esta historia?
Sobre el papel es una película familiar, pero en realidad está hecha sobre todo para dos públicos: los adolescentes que están viviendo ahora mismo lo mismo que Mei y sus padres, que están aprendiendo a soltarles. Si se sientan a verla juntos, puede salir una buena conversación.
El tema, los cambios físicos y emocionales de la adolescencia, encaja mejor con los mayores. Con los más pequeños conviene verla acompañados y hablar de ella después.
¿Para quién es?
- Es para ti si: Para adolescentes que están aprendiendo a gestionar su propio volcán y para padres que quieren entenderlos. Y para cualquiera que disfrute de una animación atrevida, colorida y con mucho corazón.
- Mejor sáltala si: Para quien no soporte el humor estridente, frenético y con aire de anime, o busque un cuento más tranquilo y lírico. Por su temática, tampoco es la mejor opción para niños muy pequeños.
Si te gusta, mira también: Del revés (2015), Luca (2021), Encanto (2021), Los Mitchell contra las máquinas (2021)
Preguntas frecuentes
¿De qué trata Red?
Cuenta la historia de Mei Lee, una chica de 13 años que lidia con los cambios de la adolescencia y con una madre sobreprotectora, mientras se convierte en un panda rojo gigante cada vez que se emociona demasiado.
¿Cuánto dura Red?
La película dura 100 minutos.
¿Pueden ver Red los niños?
Está pensada sobre todo para niños mayores y adolescentes. Con los más pequeños es buena idea verla juntos y hablar después sobre la adolescencia, que es el tema central de la película.
¿Quién dirige Red?
La dirige Domee Shi. El título original de esta película de animación estadounidense es Turning Red.
¿Quién pone voz a Mei y a su madre en la versión original?
Rosalie Chiang da voz a Meilin Lee, y Sandra Oh a su madre, Ming.
¿Merece la pena meterse bajo el pelaje rojo?
Para mí, sin ninguna duda. Red es ese tipo de animación con la que los niños se parten de risa mientras los padres, a mitad de película, descubren que tienen un nudo en la garganta. Es ruidosa y a veces se pasa, pero es honesta, valiente y divertida, y habla de cosas que la mayoría de las películas familiares prefieren callar.
Si tienes un adolescente en casa, o aún recuerdas lo que era serlo, no deberías perdértela. Por mi parte, la considero una de las obras más personales de la animación moderna, y no me importa que me haya dejado el alma un poco peluda.
